Pedro
Raul Solórzano Peraza on January 27, 2013
El
año 2013 llega con la continuación de una crisis mundial severa. Las
informaciones, especialmente de algunos países europeos, son muy preocupantes
ya que algunas actividades se han visto profundamente afectadas. Es el caso del
comercio, el cual está muy disminuido por pérdida de la capacidad adquisitiva
de los ciudadanos, haciendo que la oferta se vaya agigantando proporcionalmente
ante la pobre demanda. Por supuesto, esto tiene un efecto negativo sobre las
actividades manufactureras, que deben bajar los niveles de producción. Toda
esta situación ha conducido al cierre de innumerables comercios y de
industrias, o en el mejor de los casos, a recortes muy drásticos en las
plantillas de estas organizaciones, llevando la tasa de desempleo en algunos
países a niveles alarmantes.
No
obstante la crisis, los descensos de producción, los recortes de todo tipo, la
agricultura es una actividad que no cesa. No para. Se aprecia, en cualquier
lugar del mundo donde haya un suelo y condiciones climáticas que permitan el
crecimiento de las plantas, que hay personas dedicadas a cultivarlas para que
sus productos aseguren la alimentación del hombre y le brinden cobijo y vestido.
En
Venezuela, hoy no sabemos cuál será el programa nacional de producción agrícola
que se desarrollará en el 2013, lo cual va más allá de planificaciones puestas
sobre un papel, tal como nos indica la
experiencia de años anteriores. Lo que si sabemos, porque podemos
apreciarlo en los mercados dedicados a la venta de alimentos, es que hay
escasez de algunos productos de la dieta básica y tampoco hay opciones para que
el consumidor pueda seleccionar lo que mejor prefiera. Quiere decir que nuestra
seguridad alimentaria está en peligro, por ejemplo: en estos días visité un
supermercado de una cadena comercial que es bastante popular, y ante la
ausencia de algunos alimentos básicos, pregunté a un empleado: -¿Cuándo cree
usted que pueda conseguir tales productos?, y la respuesta fue muy gráfica:
-Cuando usted vea que el local está abarrotado de personas que luchan por un
paquete de esto o de aquello, es porque hay abastecimiento.
Pero
en lo que respecta a la soberanía alimentaria, la situación es más grave, ya
que las estadísticas, tanto oficiales como particulares, señalan una
disminución progresiva de la producción nacional de la mayoría de los cultivos
más importantes del país.
En
lo personal, percibo que el gobierno nacional no ha manifestado ninguna intención
en mostrar el camino que seguirá la agricultura venezolana este año. Ya enero
está finalizando, en abril comienzan las lluvias en algunas regiones del país
donde se inician las siembras por esa fecha. En este caso, diría que estamos a
dos meses y medio o tres meses a más tardar de comenzar las siembras, como
sería el caso de los productores de maíz de Socopó, en el estado Barinas.
Quiere decir, que son pocos e insuficientes días para organizar todas las
etapas que se requieren para que un gobierno, que como el nuestro quisiera
monopolizar todas las actividades productivas, pueda echar a andar un programa
agrícola y que tenga éxito. Porque, al contrario de lo que mucha gente piensa y
opina, la agricultura es una actividad muy compleja donde deben intervenir y
actuar coordinadamente diversas organizaciones del país.
Quizás
la razón principal para esta situación de incertidumbre y de pesimismo con
nuestra agricultura, es el desconocimiento, que de esta actividad, tienen los
responsables de dirigir las políticas que directa e indirectamente influyan en
la producción y distribución de los alimentos. Y esto es consecuencia del
desprecio que sienten por la academia, por el conocimiento, por la ciencia y la
tecnología que deben estar presentes en una actividad agrícola próspera y que
sea sinceramente implementada para tratar de lograr la soberanía alimentaria de
nuestra población. Y en este punto es oportuno repetir algo que escribí
recientemente: “Que satisfactorio sería que no ocurriera escasez de alimentos a
lo largo del año, y que al final, nuestra balanza agrícola fuera positiva, para
ser realmente soberanos, tener patria y tener pueblo”.
El
gobierno nacional, en algunas propagandas que se muestran en TV, dice que esto
que llama revolución, está abriendo las puertas de la independencia de
Venezuela en diversos aspectos. Debemos recordar que hemos sido totalmente
independientes desde le 24 de junio de 1821 y más bien, ahora, estamos abriendo
las puertas a la dependencia alimentaria, cultural, política, y en otros
aspectos que cada uno de nosotros pueda visualizar.
Pero,
¿qué debería estar ocurriendo? En mi opinión, el sector oficial por intermedio
del Ministerio de Agricultura debería estar conciliando el triángulo
PRODUCTOR-INDUSTRIA/COMERCIO-BANCA, promoviendo programas de rubros
estratégicos y deficitarios que puedan aliviar el problema de abastecimiento
interno de alimentos, que permitan disminuir el gasto de divisas en su
importación, y tratar de mejorar la balanza agrícola con la exportación de
rubros que puedan llegar a ser excedentarios. El productor comprometiéndose a
dedicar su tiempo, sus recursos de la unidad de producción y su pericia en el
manejo de los cultivos. El binomio industria/comercio comprometiéndose al
suministro suficiente y oportuno de insumos insustituibles en el proceso
productivo como son fertilizantes, semillas certificadas, herbicidas,
insecticidas, fungicidas, maquinarias y equipos agrícolas, antibióticos y otras
medicinas veterinarias, vacunas, suplementos minerales, alimentos balanceados,
y otros; y comprometiéndose también a la recepción y procesamiento de las
cosechas, así como a su distribución hasta que esos alimentos lleguen al
consumidor. La banca comprometiéndose a respaldar créditos oportunos y
suficientes para que cada agricultor o criador pueda llevar a feliz término el
proceso productivo.
Trabajemos
juntos por un mejor país.
Pedro Raúl
Solórzano Peraza
Maracay, 27
de enero de 2013.
Posted in
Editorial Panorama Agroalimentario
Disponible
en: http://www.pedroraulsolorzano.com/?p=100
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