(Caracas, 16 de
agosto. Noticias24) – El ministro de
Agricultura y Tierras, Yván Gil, aseguró en una entrevista publicada por Ciudad
Caracas que en el país las redes Mercal, Pdval y Bicentenario han contribuido en gran medida
a la disminución de la escasez alimenticia, porque ahora “se produce, se distribuye
y se consume”.
“Además, la
soberanía alimentaria debe incluir tres variables fundamentales. Capacidad de
producción, distribución y consumo. Nosotros tenemos capacidad de consumo,
eso está demostrado; capacidad de distribución también la tenemos, porque hemos
desarrollado las redes Mercal, Pdval y Bicentenario, son más o
menos 22 mil puntos para el expendio de comida. Nos falta acelerar la capacidad
de producción para igualar los índices de crecimiento del consumo”, afirmó.
La expresión
“soberanía alimentaria” se repite constantemente en noticias y otros discursos
mediáticos, muchas veces sin que se precise qué quiere decir exactamente o en
qué medida hemos avanzado hacia ese ideal.
El ministro de
Agricultura y Tierras, Yván Gil, comienza por definir el concepto en términos sencillos, antes de
ilustrar la situación real del país en ese sentido.
—Soberanía y
seguridad alimentaria suelen usarse como sinónimos, ¿Son la misma cosa?
—No. Soberanía
alimentaria es la capacidad que un país tiene para producir los alimentos que mantienen a una población
funcionando y correctamente alimentada, sin dependencias, y esto último no se
limita a las importaciones, sino a la tecnología y otros factores. Seguridad
alimentaria es la capacidad que tiene un pueblo de alimentarse,
independientemente de si esos alimentos son producidos en el país o provienen
de las importaciones.
En el caso de
Venezuela, hemos alcanzado una situación de seguridad alimentaria, es decir, aquí
la mayor parte de la población, 94%, tiene acceso a todos los alimentos.
En resumen, la soberanía alimentaria es la capacidad que tiene un pueblo para
producir sus propios alimentos, mientras que la seguridad alimentaria se
refiere a la capacidad de acceso a los alimentos.
—En el caso de
la soberanía alimentaria, ¿Hablamos de producir todos los alimentos?
—No todos, lo que hay que garantizar es que los alimentos producidos cuenten
con los requerimientos energéticos, las kilocalorías, las grasas, los
carbohidratos necesarios por personas al día. O sea, que ante cualquier
eventualidad, el pueblo puede seguir alimentándose bien.
Por ejemplo,
nosotros no tenemos condiciones climáticas para
producir trigo, aunque lo consumimos bastante, sin embargo, eso
no quiere decir que no podemos alcanzar una situación de soberanía. El trigo
suple energía, pero ese requerimiento lo podemos sustituir con otros alimentos,
como la yuca, el maíz o la papa. Es decir, si los alimentos que necesitamos
para cubrir nuestras necesidades dietéticas se producen aquí y están
disponibles para el pueblo, podemos hablar de soberanía. En términos técnicos,
se habla de que al menos 90% de cada una de las condiciones satisfechas, de las
kilocalorías, carbohidratos, grasas, proteínas, deben ser de producción
nacional para que estemos en una situación plena de soberanía alimentaria.
—Entonces, en un
escenario hipotético de soberanía alimentaria, ¿Deberíamos producir al menos
los alimentos básicos en la dieta del venezolano?
—En términos
prácticos, es más o menos así, pero no solo hablamos de producir en cantidad,
sino en calidad y con disponibilidad. Si hay suficiente producción y la
gente no tiene poder adquisitivo, de qué sirve. Recordemos
ciertos momentos de los 80, cuando hubo buena producción agrícola, pero resulta
que fue una época de almacenes llenos y estómagos vacíos.
Además, la
soberanía alimentaria debe incluir tres variables fundamentales. Capacidad de
producción, distribución y consumo. Nosotros tenemos capacidad de consumo,
eso está demostrado; capacidad de distribución también la tenemos, porque hemos
desarrollado las redes Mercal, Pdval y Bicentenario, son más o
menos 22 mil puntos para el expendio de comida. Nos falta acelerar la capacidad
de producción para igualar los índices de crecimiento del consumo.
—¿Cómo es eso de
que los venezolanos están comiendo más?
—Ha crecido el
consumo, sobre todo en rubros que anteriormente no eran accesibles para gran
parte de nuestra población, como la carne y el pollo. Ahora hay más gente que
compra estos productos y en mayor cantidad, porque hay mayor poder adquisitivo,
por las medidas de lucha contra la pobreza. Como decía, no hemos aumentado la
producción en función de lo que ha crecido el consumo, es una realidad.
Pongo un
ejemplo, en 1999 el consumo de arroz no llegaba a 10 kilos por persona/año, ahorita
está casi en 20. El doble. Si nosotros consumiéramos la misma cantidad per
cápita de kilos de arroz que en 1999 ahora estuviéramos en capacidad de
exportar 400, 500 mil toneladas de arroz al año.
—En términos de
tiempo, ¿Cómo está planteada la meta de alcanzar esa soberanía en nuestro país?
—El Comandante
Chávez lo dejó claro en el Plan de la Patria (plan de gobierno para el período
2013-2019), llegar al 2019 en una situación de soberanía alimentaria. Yo creo
que eso lo podemos lograr, ahí están los datos, nosotros podemos ser
autosuficientes en producción de arroz y maíz blanco en uno o dos años,
disminuir la importación de tomate industrial, de soya, de carne, de alimentos
para la cría de pollo, es decir, es mentira que estamos en una situación precaria,
eso lo han usado como bandera política para atacar la Revolución de Chávez, y
ahora la gestión del presidente Nicolás Maduro, sobre todo por el tema de la
lucha contra el latifundio. Pero la verdad es que hemos crecido en casi todos
los rubros.
—Esos sectores
que cuestionan las políticas agroalimentarias dicen que tales metas son una
suerte de falacia.
—De ninguna
manera. Nosotros requerimos alrededor de 3 mil 400 kilocalorías por
personas/día. De eso, estamos produciendo alrededor de la mitad, entre un 50 y
60%. Te hablo de algunos rubros, 100% de las raíces y tubérculos que nos
comemos los producimos aquí. El 100% de las frutas y hortalizas más consumidas
también; 60% de la carne; 50% de la leche; 80% del maíz blanco; 80% del arroz,
85% del pollo.
—¿Venezuela ha
sido alguna vez un país soberano en el ámbito alimentario?
—Creo que sí.
Recuerda que en Venezuela, antes de que el petróleo comenzara a explotarse
masivamente, más o menos hacia la mitad del siglo pasado, la población rural
era mayor a la población urbana. Antes de eso, creo que Venezuela llegó a tener
una situación de soberanía alimentaria.
—¿Y qué sucedió
luego?
—La situación de
seguridad y soberanía alimentaria que vino luego está muy relacionada con un
modelo de desarrollo que se instauró en Venezuela, tiene que ver con el
desarrollo de grandes urbes, inorgánicas, que crecieron anárquicamente, sin una
cultura de producción. De allí heredamos una situación de dependencia
alimentaria que el presidente Chávez comenzó a combatir. Nosotros estamos
convencidos que la manera de alcanzar nuestra soberanía alimentaria es a través
del Socialismo.
—¿Cuál es la
diferencia entre la forma como se concibe la producción de alimentos en este
modelo planteado por Chávez y otros modelos?
—La principal
política de este Gobierno en materia alimentaria ha sido garantizar el acceso
de todos los sectores socioeconómicos a una alimentación de calidad, en otros
gobiernos son más importantes las exportaciones, aunque haya gente pasando
hambre en el país. ¿En qué hemos fallado? Bueno, repito, que no hemos sostenido
los índices de producción equivalentes a los de consumo.
—Dentro de esa
visión, cómo queda el tema de las exportaciones. ¿Nosotros exportamos productos
agrícolas?
—Sí, estamos
exportando camarones, cangrejo, cacao, cuero, flores. Con el café, llegamos a
tener grandes dificultades, pero también hemos superado muchas de ellas; ya
estamos comenzando a tener excedentes y podremos exportar. Es decir, no estamos
en contra de esa idea, lo que decimos es que es antiético ponderar las
exportaciones por encima del hambre de tu propio pueblo. El hecho de que tu
exportes no implica valores inversamente proporcionales a la pobreza. Hay
muchos países que exportan alimentos y no tienen soberanía alimentaria. Ni
siquiera una situación de seguridad alimentaria. Mira lo que pasaba en los años
60 y 70 en Centroamérica, renombradas corporaciones de la industria bananera
producían y exportaban grandes cantidades de frutas, pero la situación de
pobreza era bárbara.
De hecho,
hablando de exportaciones, el presidente Maduro ha dicho que debemos comenzar a
forzar la barra para crear una cultura exportadora. Él ha propuesto que, en
algunos rubros, deberíamos comenzar a comprometer 10% de la producción para
exportarla, usar mínimos excedentes para desarrollar esa cultura.
—La falla que
usted refiere, de no haber podido igualar el crecimiento de la producción con
el crecimiento del consumo responde, a su vez, a otras fallas. Los productores
del campo hablan, por ejemplo, de los financiamientos tardíos.
—Son críticas
válidas, aunque no es cierto que se dan los créditos a destiempo. Lo que ocurre
es que, si los recursos no están disponibles cuando se debe, no se siguen dando
los créditos, porque no tiene sentido que un productor siembre fuera del ciclo.
Si esto o pasara es una irregularidad y debe ser denunciada. Nosotros estamos
desarrollando un programa de auditorías sobre estos procesos, queremos precisar
por qué suceden los retrasos. Evidentemente es un problema asociado al
burocratismo y la corrupción, son males que estamos combatiendo. Tenemos casos
donde se le ha pedido una comisión al productor para darle el crédito, o
dárselo más rápido.
Hay otro factor,
no podemos financiar más allá de la capacidad que tenemos para suministrar
insumos o de la capacidad para el almacenamiento.
Por otra parte,
también es cierto que en los últimos años ha habido un crecimiento importante
de la cartera agrícola.
—La gente del
campo también se queja de la calidad de la semilla. Dicen que la nacional es de
bajo rendimiento.
—En el tema de
la semilla hay de todo. Vamos al caso del maíz; allí hay toda una visión de
marqueting. Fíjate, habría que preguntarse si un productor, por obtener mayor
rendimiento, es capaz de sembrar transgénicos.
La semilla
producida por investigadores venezolanos del INIA cuesta una fracción de lo que
cuesta la semilla importada; con lo que yo siembro 10 hectáreas de semilla
nacional, siembro una con semilla importada.
Hay que ver, en
materia de producción de alimentos, qué es más importante. Supongamos que el
rendimiento de la producción con semilla nacional es de 3 mil kilos por
hectárea, pero resulta que los costos de esa semilla implican que puedo sembrar
10, o sea, puedo producir 30 mil kilos. En contraste con los costos de la
semilla importada puedo sembrar una hectárea, y producir 10 mil kilos, aunque
creo que es mucho.
Bueno, con la
semilla nacional produzco más ¿A costa de qué? De más suelo. Pues no importa,
de eso nosotros tenemos bastante.
El único factor
para medir la efectividad de una semilla no es el rendimiento. También debes
tomar en cuenta la salud, la soberanía o la dependencia tecnológica, porque las
semillas importadas son híbridos producidas por Monsanto. Yo, como venezolano,
prefiero una semilla que rinda un poco menos pero que no implique riesgos de
salud para nuestra gente, que pueda apartar semilla para la próxima siembra,
porque la importada te sirve solo para un ciclo. Estamos produciendo híbridos
muy buenos, pero a veces se queda fría porque la gente prefiere comprar la
importada.
Ojo, no estoy
haciendo una defensa a ultranza del tema, yo creo que tenemos que avanzar en
tecnología, tenemos que buscar semillas que cada vez rindan más, pero cómo lo
hacemos si no la consumimos, si no creamos un circuito de uso.
—Otras de las
denuncias más comunes acusan irregularidades en el sistema de distribución de
insumos en Agropatria.
—Sí, hemos
tenido retardos, pero no como producto de haber nacionalizado Agroisleña, hoy
Agropatria, como ha querido vender la derecha, diciendo que fue una mala
decisión. Agroisleña atendía 87 mil productores y Agropatria surte a más de 400
mil productores. Debemos llegar a 200 mil más por lo menos, sí, pero es que
antes esos mismos productores no accedían al financiamiento de insumos. El tema
de la corrupción lo sabemos y lo estamos atendiendo. Hemos estado persiguiendo
mafias, tenemos personas detenidas, más de 15 personas, entre ellas,
excoordinadores de Barinas, Mérida y Trujillo. Te voy a hablar de los
fertilizantes, que son producidos aquí en el país por Pequiven, Agroisleña
distribuía para sus clientes “primium” 172 mil toneladas al año. Nosotros
cerramos el año pasado en más de 600 mil toneladas, y aún así no es suficiente,
hay una deuda tremenda. La falla que no hemos podido resolver está en la red de
distribución; seguimos trabajando con la misma red de hace tres años, pero
estamos tomando las medidas, haciendo la inversiones.