Para establecer un vínculo claro entre la inseguridad alimentaria y el bajo nivel educativo, es necesario entender que en las familias el nivel educativo está relacionado directamente a cómo se llevan a cabo los procesos de desarrollo de la alimentación, el establecimiento de hábitos y actitudes, los patrones culturales, etc., que en muchas ocasiones, junto a la dificultad de acceso a los servicios e insumos adecuados, hacen la diferencia en el éxito o el fracaso de una nutrición adecuada.
Las zonas rurales son las que
sufren más hambruna. Estudios realizados a estas zonas han
demostrado que alrededor de la mitad de la población que habita en estas zonas
poseen una educación primaria incompleta o carecen totalmente de ella. Estos
Resultados nos dan a entender que la educación puede tener una alta influencia
sobre la nutrición de las personas, por lo que un mejor nivel educativo
implicaría una reducción del hambre y la malnutrición, debido a que aumentan la
productividad y los ingresos de las familias. (FAO, 2012).
Resulta así la educación un
determinante crucial en la inseguridad alimentaria, mayormente en el ámbito
rural, aunque también afecta ciertas áreas urbanas, porque representa a
familias encabezadas por personas cuya escasa educación no les permite acceder
a un nivel de bienestar superior, no solo por la capacidad de adquisición de alimentos
según los ingresos y la hora de desempeñar labores, sino en la selección
de los alimentos de la dieta, el manejo adecuado de los alimentos, la
preparación, la mala planificación al comprarlos, etc., situaciones que
se presentan por el desconocimiento dado a la deserción escolar, por lo que es
importante recalcar el impacto del hambre en el aprendizaje, que perjudican la
salud mental y física, producen disminución de la productividad y de los
ingresos, disminuye la posibilidad de ascender en la escala socioeconómica para
salir de la pobreza, y son incapaces de trabajar a pleno potencial. (FAO,
2003).
Finalmente, el poder abordar
la problemática de la inseguridad alimentaria no es solo cuestión de producción
y sustentabilidad, de generar mas ingresos en las familias, o de abordar la
nutrición familiar desde el punto de vista de la inocuidad y de la cultura
culinaria, consiste en ver el tema en un enfoque multifactorial y encaminarlo a
mejorar la eficiencia y eficacia de los proyectos de seguridad alimentaria a
una inversión simultánea en componentes de educación, hasta las capacitaciones
en higiene y nutrición, además de la salud como atención primaria a los
necesitados. (Carrazón y Col. 2012)
FAO. 2003. Programa de lucha
contra el hambre: Enfoque de doble componente para la reducción del hambre,
prioridades para la actuación a nivel nacional e internacional. Roma.
Carrazón y Otros. 2012.
Seguridad Alimentaria para todos. Conceptos y reflexiones. Editorial: Visión
Libros. Madrid, España.
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