La
alimentación es un proceso complejo y dinámico afectado por factores
biológicos, económicos y socioculturales. La población que migra de las zonas
rurales a sitios urbanos está sujeta a cambios en la alimentación por lo que se
considera como un grupo potencialmente vulnerable en cuanto a la seguridad
alimentaria.
Una de las
principales causas por las cuales la población migrante puede ser un grupo
vulnerable está determinada en gran medida por un ingreso económico
insuficiente ya que disminuye aún más la posibilidad de tener una dieta más
variada y de mejor calidad y por lo tanto aumenta la probabilidad de contraer
enfermedades por deficiencias de nutrientes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) y la
Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO)
consideran de suma importancia conocer y mejorar las condiciones de seguridad
alimentaria en la población inmigrante a las zonas urbanas. Según estas
organizaciones, además de las modificaciones en la dieta, los migrantes
enfrentan el problema del acceso económico a los alimentos. Se estima que los
consumidores urbanos pobres gastan entre un 60-80% de sus ingresos en
alimentación (FAO). Esto los hace especialmente vulnerables al incremento de
precios en alimentos, sobre todo porque en estos asentamientos se obtienen
prácticamente en su totalidad, mediante compra.
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